Cuando Hugh Jackman era payaso y un niño lo arruinó

ESPECTÁCULOS — Antes de sacar garras de adamantium, cantar en grandes escenarios de Hollywood o convertirse en el mutante más famoso del cine, la superestrella australiana Hugh Jackman tuvo que ganarse la vida con los trabajos más insólitos. Mucho antes de la gloria, el actor formó parte de un peculiar dúo de animación infantil bajo un alter ego que preferiría dejar en el olvido: Coco el Payaso.

🤡 Cero magia, cero talento y mucho valor

Durante sus años de juventud en Sydney, Jackman y un amigo llamado Stan decidieron lanzarse al mundo del entretenimiento infantil alquilando disfraces de payaso. El único y pequeño detalle que omitieron en su plan de negocio fue un requisito fundamental: no sabían hacer absolutamente nada.

«Literalmente alquilé un traje de payaso, fuimos a fiestas de cumpleaños y no teníamos habilidades. Cero habilidades», confesó el actor entre risas al recordar esa época.

Sin trucos de magia bajo la manga, sin la capacidad de moldear globos en forma de animales y sin gracia para la comedia física, el dúo se presentaba en los cumples infantiles dependiendo únicamente de su buena voluntad y de un disfraz colorido que apenas disimulaba el pánico escénico del futuro actor.

🥚 El día en que un niño destruyó al payaso

Aunque Jackman intentaba mantener un perfil bajo con niños muy pequeños, un día rompió su propia regla dorada y aceptó animar la fiesta de cumpleaños de un niño de 8 años. Sabiendo que los niños a esa edad son sumamente críticos, el desastre anunciado no tardó en tocar a su puerta.
En medio de la fiesta, el pequeño cumpleañeros analizó el show, miró fijo al autodenominado «Coco» y, sin filtro alguno, gritó a todo pulmón frente a los invitados:
«¡Mamá, este payaso es una porquería!»

El propio Hugh recuerda haber pensado: «Cállate, niño, cállate», mientras sentía que toda su carrera en el mundo de la pantomima se derrumbaba.
Desesperado por salvar la función y justificar los 50 dólares que le pagaban por el evento, al actor no se le ocurrió mejor idea que improvisar un número caótico con huevos de la cocina:

  • Tomó los huevos uno por uno.
  • Los comenzó a romper directamente contra su propia cabeza para ver si así lograba arrancarles una risa.
  • La situación terminó con los niños abalanzándose encima de él en un caos total.
    Tras finalizar el evento, con la ropa arruinada, dolor de cabeza y habiendo ganado una miseria, Jackman concluyó que lo suyo definitivamente no eran las fiestas infantiles. Por suerte para el cine, decidió colocar los zapatos gigantes en el armario y buscar suerte en la actuación, demostrando años más tarde que podía dominar cualquier escenario… siempre y cuando no tuviera que hacer malabares con huevos.

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