Danny DeVito: Del salón de belleza a la funeraria (la insólita historia antes de la fama)

Antes de convertirse en una leyenda de Hollywood, en el icónico taxista de Taxi, el Pingüino de Tim Burton o el inolvidable Frank Reynolds en It’s Always Sunny in Philadelphia, un joven Danny DeVito tuvo un empleo bastante peculiar que pocos imaginan: estilista de cadáveres.
La historia comenzó a principios de la década de 1960 en Nueva Jersey. Tras terminar la secundaria y sin saber muy bien qué hacer con su vida, Danny empezó a trabajar en el salón de belleza de su hermana mayor, Angie. Allí aprendió el oficio de la cosmetología, lavando cabezas, haciendo peinados y moldeando rieles con rulos para las clientas habituales del vecindario, casi todas mujeres mayores. A DeVito le gustaba el oficio y disfrutaba el ambiente del local.
Sin embargo, la vida da giros extraños. Una de sus clientas más queridas y fieles del salón falleció de repente. La familia, desconsolada y recordando el esmero con el que Danny siempre trataba el cabello de la señora, tomó una decisión insólita: contactaron al joven DeVito para pedirle un último favor muy especial. Querían que él fuera a la funeraria a peinarla y maquillarla para su funeral, tal y como lo hacía en vida.
Danny aceptó. Armado con sus bártulos de belleza, se adentró por primera vez en el sombrío y silencioso mundo de una morgue. Lejos de asustarse o paralizarse por el terror, demostró una profesionalidad inquebrantable y un respeto absoluto. Dejó a la difunta impecable, dándole un aspecto tan digno y natural que la familia quedó profundamente agradecida.
Aquel servicio corrió de boca en boca entre los directores de funerarias locales y las familias de la zona. Así fue como, de manera totalmente involuntaria, Danny DeVito se convirtió en una especie de estilista fúnebre a tiempo parcial.
Durante una temporada, intercalaba las risas y el bullicio del salón de belleza de su hermana con las visitas silenciosas a las funerarias locales para arreglar el cabello de clientas que habían pasado a mejor vida. Años más tarde, recordando esta etapa entre risas en entrevistas y pódcasts, sus compañeros de reparto bromeaban diciéndole que en realidad había sido un “morticiero a medio tiempo”.
Irónicamente, fue buscando perfeccionar sus habilidades en el maquillaje teatral que Danny viajó a Nueva York para inscribirse en una escuela especializada, lo que lo llevó a matricularse en la Academia Estadounidense de Artes Dramáticas (American Academy of Dramatic Arts). El resto es historia: dejó las tijeras de peinar y las salas de velatorio para subirse a los escenarios, sin saber que aquel pasado macabro y fascinante sería una de las anécdotas más extrañas y divertidas de las grandes estrellas del cine.

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