
El inesperado refugio tras los muros del monasterio
En el Convento de San Antonio de Padua, situado en el centro de España, la rutina diaria de sus religiosas desafía cualquier expectativa tradicional de la vida monástica. Lejos de limitarse exclusivamente a la oración y a la repostería artesanal, un grupo de franciscanas de clausura liderado por sor Consuelo (Cristina) Peset ha transformado parte de sus instalaciones en un centro de conservación de animales. Allí, entre rezos y votos religiosos, cuidan con esmero de decenas de ejemplares del conejo gigante español, una especie autóctona que se encuentra gravemente amenazada de desaparición.
Una raza histórica que salvó vidas durante la posguerra
El valor de estos animales va mucho más medida que su imponente tamaño, ya que pueden llegar a pesar hasta nueve kilos y medir cerca de un metro. Durante los difíciles años de la Guerra Civil Española y el periodo de posguerra, la cría de estos conejos gigantes representó un recurso vital de subsistencia para alimentar a familias enteras y orfanatos que sufrían escasez extrema. Con el paso de las décadas y la llegada de modelos de ganadería industrial más acelerados, la raza quedó relegada al olvido, hasta el punto de que los registros oficiales alertaron de la existencia de muy pocas hembras puras en todo el país.
Ciencia, pedigrí y estrictos cuidados conventuales
Lo que comenzó hace más de treinta años como un obsequio familiar de mascotas dio un giro radical cuando especialistas y asociaciones de cunicultura advirtieron a las hermanas sobre el inminente peligro de extinción de la especie. A partir de ese momento, el convento se adaptó bajo rigurosos estándares científicos avalados por programas universitarios e institucionales. Las religiosas mantienen un control exhaustivo de pedigrí, historiales de alimentación y una limpieza profunda constante, además de acondicionar espacios con climatización regulada para proteger a los ejemplares de las altas temperaturas estivales.
Una labor altruista limitada por las normativas vigentes
A pesar del éxito reproductivo logrado en los últimos meses —con decenas de nacimientos registrados bajo su supervisión—, el proyecto enfrenta retos administrativos considerables. Las licencias especiales otorgadas a la comunidad prohíben la comercialización masiva o venta de carne a gran escala, limitando su propósito estrictamente a la investigación y recuperación genética. Para solventar este obstáculo y visibilizar su causa, las hermanas optan por donar de manera altruista ejemplares jóvenes a colegios, parques temáticos autorizados y criadores registrados que garanticen la protección de la variedad.
La encíclica verde y el legado de san Francisco de Asís
Para esta comunidad de franciscanas, proteger a los gigantes españoles no es solo una tarea de rescate histórico, sino un compromiso espiritual profundo alineado con el mensaje ecológico del papa Francisco en su encíclica Laudato si’. Al ser san Francisco el patrono de los veterinarios y de los animales, las monjas encuentran en esta labor una forma directa de cuidar la biodiversidad y honrar la creación. Así, entre los gruesos muros de piedra del monasterio toledano, la paciencia y la ternura de estas mujeres se han consolidado como el escudo definitivo que evita que un icono de la ganadería tradicional española se desvanezca para siempre.